21 junio, 2016

Sacerdote Incaico imploró por Bienestar, Paz, Justicia y Concordia: Ayacucho rindió homenaje al Año Nuevo Andino en la explanada del Apu Quiriwillka

Hoy se llevó a cabo la ceremonia de Apertura del Año Andino, en Ayacucho, con la realización de un solemne Pagapu en el complejo del Apu Quriwillca, explanada del cerro la Picota. El evento artístico cultural fue promovido por el colectivo de Artes Piruro, con el apoyo de la institución Educativa nuestra Señora de Fátima, la estudiantina Ayacuchana y la Asociación Pro Derechos Humanos, APRODEH.

El Año Nuevo Andino se celebra cada 21 de junio, en correspondencia con el solsticio de invierno, que corresponde al día más corto y a la noche más larga del año. En esta fecha mágica el mundo andino celebra la fiesta del sol, dando también inicio al nuevo ciclo agrícola. Esta religiosidad precolombina perdura hasta hoy, en ritos ancestrales que vinculan al hombre con la naturaleza, y en los que la tierra cobra gran importancia simbólica.

En Ayacucho, son dos los cerros tutelares: el Quriwillka (desde la colonia llamado “La Picota”) y el Apu Acuchimay, dentro de los cuales la Pachamama o Madre Tierra, diosa de la fertilidad, vive en el Ukupacha o mundo interior. Ella ofrece sus frutos a la humanidad para procurarle bienestar, es por eso que los hombres agradecen sus bondades con rituales propiciatorios, en los que prevalece el “Pagapu”.

Esta celebración contó con la participación de más de 300 alumnas de la Institución Educativa Nuestra Señora de Fátima y una veintena de músicos interactuando con el elenco de teatro Fatimiano. Desde las 7 y media de la mañana se desarrolló un peregrinaje a la explanada del cerro la Picota, donde los visitantes fueron recibidos en medio de una lluvia de flores, en las que destacó la flor de la retama, símbolo de la resistencia ayacuchana. Durante el recorrido hubo cánticos muy emotivos que evocaban al Perú, mientras sonidos de pututos anunciaban el inicio de la ceremonia del Pagapu.

En lo alto de la explanada, el “Yachaq” (sacerdote andino) dio inicio a la ceremonia invocando a la Pachamama y a los Apus tutelares Rasuwillka, Quriwillka, Campanayuq y Acuchimay. Entretanto bajo el marco de una canción mística a la Madre Tierra, entonada por toda la multitud, se procedió al reparto de coca y chicha de jura, a los presentes, mientras hacían su ingreso las portadoras de las ofrendas. Alimentos marinos, costeños, serranos y selváticos, fueron ofrendados por el sacerdote, que hizo la respectiva apología de cada uno de ellos, entregándolos a la tierra e implorando por el bienestar, la concordia y la paz en el Perú y en mundo. Esta ofrenda se depositó luego en el aposento excavado en las entrañas de la Pachamana que conduce al corazón del Apu Quriwillka.

Cabe mencionar que este acto de celebración implica no solamente el conocimiento y la revaloración y preservación de nuestro ideario andino, si no de poner de manifiesto que esta actividad. Dada su trascendencia, debiera formar parte del calendario de actividades y proyectos de la Municipalidad de Huamanga y de otras instituciones. Así mismo hace falta recuperar a la brevedad esta hermosa explanada pública ceremonial del cerro la Picota, que fuera labrado arquitectónicamente en piedra caliza. Actualmente se encuentra amenazada por invasiones de viviendas.

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